La idea de arrendar habitaciones o casas, o de compartir objetos, no es novedosa, lo que llama la atención es la escala del fenómeno. ¿Puede un grupo de jóvenes cambiar la sociedad de mercado?

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Se le conoce como consumo colaborativo, economía persona a persona (peer to peer) o economía compartida. Va desde alquilar tu casa a unos extraños en verano, hasta ofrecerte para cuidar perros o compartir tu menú casero con tus vecinos. Todo utilizando las últimas tecnologías de Internet, los teléfonos móviles con capacidad de hacer fotos y las redes sociales.

Hasta aquí puede resultar todo muy evocador pero poco realista: la sociedad de mercado ha sido probada durante milenios; un grupo de jóvenes no va a cambiar el sistema. ¿O sí?

La economía compartida parece haber llegado para quedarse. Las empresas dedicadas a ello y las iniciativas, más o menos románticas, florecen, sobre todo desde que estalló la crisis financiera. Se mueve mucho dinero: unos 26.000 millones de dólares (cerca de 20.000 millones de dólares) según las cifras mencionadas por el diario The Washington Post.

Es, por un lado, el sueño de los ecologistas, los consumidores moderados y la gente con pocos recursos, porque se comparte lo que se tiene y se ahorra; pero también es cada vez más el sueño de los dueños del dinero, que invierten en la economía compartida porque hay negocio.

Hay centenares de empresas, repasaremos aquí algunas de ellas, pero quizá la mejor para convencerse de que este tema va en serio es el llamado “Club del Préstamo”, (Lending Club en inglés.) No es un grupo de personas que se prestan dinero por solidaridad. Es una empresa, y grande. Con cuarteles generales en California. Tiene un valor de ...