Manifestación pidiendo una más rápida transformación de las fuentes de energías renovables en Alemania. (Carsten Koall/Getty Images)
Manifestación pidiendo una más rápida transformación de las fuentes de energías renovables en Alemania. (Carsten Koall/Getty Images)

Ha llegado la hora de cambiar la forma en la que nos relacionamos con la energía, recuperar la soberanía sobre ella y pasar de consumidores autómatas a usuarios de energía.

El presidente de la Fundación Renovables y ex director de la Agencia Europea de Medio Ambiente, Domingo Jiménez Beltrán, suele decir siempre, refiriéndose a la descarbonización de la economía y al cambio de modelo energético que conlleva, que “el cambio climático nos obliga a hacer lo que en cualquier caso tendríamos que hacer”. Efectivamente, mal que les pese a los jerarcas del oligopolio energético, estamos iniciando la senda de una transición energética que la lógica y el sentido común imponían desde hace décadas y que solo hemos empezado a tomarnos en serio tras comprobar que los efectos del cambio climático son una realidad y no solo un pronóstico agorero de unos “ecologistas radicales” como se ha considerado hasta hace dos días.

Teníamos que llevar a cabo ese cambio de modelo energético por razones medioambientales, de supervivencia cabría decir; por motivos estratégicos porque no podíamos seguir tolerando que el control de los recursos energéticos fuera el detonante de la mayor parte de los conflictos internacionales; pero también teníamos que hacer lo que ahora empezamos a hacer por razones económicas porque, frente al mito de la energía barata que ha imperado en la era de los combustibles fósiles, lo que ha supuesto en realidad este modelo basado en la combustión de petróleo, gas y carbón ha sido un inmenso trasvase de rentas de unos países a otros -los que controlaban esos recursos- y de los bolsillos de los ciudadanos a la cuenta de resultados de la docena de empresas que explotan dichos recursos. En el ...