La brasileña Anarkia boladona es activista a favor de los derechos de la mujer. En la foto aparece junto a uno de sus grafitis en las calles de Rio de Janeiro. Christophe Simon /AFP/ PHOTO
La brasileña Anarkia boladona es activista a favor de los derechos de la mujer. En la foto aparece junto a uno de sus grafitis en las calles de Rio de Janeiro. Christophe Simon /AFP/ PHOTO

El desafío de que la igualdad de género en Brasil no debería ser un valor vacío sino una verdadera práctica.

“Vaca, puta, vagabunda…”. El pasado marzo, estos gritos ofensivos se mezclaron al sonido de las caceroladas que brotaron de forma espontánea en todo Brasil durante el discurso televisivo de la presidenta Dilma Rousseff, desde São Paulo hasta Brasilia, desde Rio de Janeiro hasta Porto Alegre, Recife y Fortaleza. Ocurría una semana antes de que la marcha a favor del impeachment de Dilma arrastrara a las calles a unos dos millones de brasileños, según el diario O Globo (menos de la mitad, según Datafolha, el instituto de investigaciones electorales del periódico Folha de S. Paulo).

Lo llamativo de esta protesta, protagonizada por la clase media de un país que está entrando lenta pero irreversiblemente en una crisis económica severa, es el tono injurioso y agresivo que los indignados reservaron a la primera mujer que lidera Brasil.

No era la primera vez que Dilma es blanco de improperios. Durante la ceremonia de inauguración del Mundial de Fútbol, en junio del año pasado, Rousseff fue abucheada y vilipendiada desde los sectores vip del estadio de São Paulo. Una escena que se repetiría varias veces a lo largo de la competición futbolística más importante del mundo.

“Brasil es un país bastante machista, donde las mujeres deben permanecer en alerta todo el tiempo para no sufrir violencia. Y muchas veces, a pesar de esto, no consiguen evitarla”, declara a esglobal Maíra Kubík, doctora en Ciencias Sociales y profesora de Género y Diversidad en la Universidad de Salvador de Bahía.

Entre 1980 ...