Hacia una teoría de las relaciones internacionales frente a los zombis.

Hay muchas cosas que temer en la escena política internacional: los atentados terroristas, las catástrofes naturales, el cambio climático, el pánico financiero, la proliferación nuclear, los conflictos étnicos... y así podríamos seguir. Sin embargo, observando el zeitgeist cultural, resulta sorprendente cómo un problema que no es natural se ha convertido en una de las más crecientes preocupaciones en las relaciones internacionales. Me refiero, por supuesto, a los zombis.

Se entiende por zombi un ser reanimado que habita un cuerpo y desea comer carne humana, la clase de demonio antropófago que apareció por primera vez en el clásico de 1968 La noche de los muertos vivientes, de George Romero, y que se ha extendido rápidamente por la cultura popular en los últimos años (eclipsando a otros parientes más pasivos, como los cadáveres reanimados de los rituales tradicionales de vudú del África Occidental y de Haití). Los zombis pueden traspasar fronteras y amenazar Estados y civilizaciones, por lo que deberían centrar la atención de los expertos y de los gobernantes.

El fantasma de una insurrección de cadáveres reanimados también plantea un importante desafío para quienes interpretan las relaciones internacionales y para las teorías con las que intentan explicar el mundo. Si los muertos saliesen de sus tumbas y atacasen a los vivos, ¿qué pensamiento guiaría –o debería guiar– la respuesta de los humanos? ¿Hasta qué punto todas esas teorías mantendrían su coherencia bajo la presión del ataque de los zombis? ¿En qué momento los humanos deberían decidir que ocultarse y acumular provisiones es el mejor plan?

Quizá los lectores más serios desprecien estas preguntas por fantasiosas, pero la preocupación por los demonios devoradores de carne es evidente en la cultura popular actual. Ya se trate de películas, ...