Desde Richard Nixon y la guerra de Vietnam, nunca la política
exterior de un presidente de Estados Unidos había polarizado tanto a
su país y al mundo. Sin embargo, pese a la polémica, las iniciativas
de George W. Bush no son tan radicalmente distintas de las de sus predecesores.
El verdadero defecto de la política exterior del presidente consiste
en que está llena de contradicciones: cegado por la
claridad
moral y
atado de pies y manos por su enorme poderío militar, Washington necesita
recuperar el equilibrio entre medios y fines para construir una estrategia
general auténticamente eficaz.
Melvyn P. Leffler


"La diplomacia de la Administración Bush es revolucionaria"


No. En los objetivos de Bush, de mantener una paz democrática
y difundir los valores estadounidenses fundamentales, resuenan ecos de las
preocupaciones más tradicionales en la historia de Estados Unidos. Tienen
sus orígenes en la retórica puritana de la ciudad sobre la colina.
Reavivan la visión del imperio de la libertad proclamada por Thomas
Jefferson. Eran parte integrante del mensaje en el que Woodrow Wilson decía
que "es preciso asegurar el mundo para la democracia". Se desprenden
de las cuatro libertades de Franklin Roosevelt. Evocan la noble retórica
del discurso inaugural de John F. Kennedy, en el que habló de "oponerse
a cualquier enemigo para garantizar la supervivencia y el triunfo de la libertad".

Tampoco es nuevo el unilateralismo. Desde el nacimiento de EE UU como joven
república, los padres fundadores renunciaron a entablar alianzas que
pudieran involucrar al frágil país en controversias peligrosas
del Viejo Mundo y ensuciar la identidad de EE UU como país partidario
de la excepción. Al actuar de forma unilateral, Estados Unidos podría
perseguir prudentemente sus propios intereses, alimentar sus ideales fundamentales
y definirse en oposición a sus antepasados europeos. A esta ...