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Furgoneta de la cadena de televisión rusa RT aparcada frente al estadio Luzhniki (Kirill Kudryavtsev/AFP/Getty Images)

La escasa capacidad de Rusia para ejercer influencia en la comunidad internacional mediante los instrumentos de poder tradicionales —diplomáticos, económicos y militares— le ha empujado a tratar de influir en los ciudadanos de otros países y en su forma de pensar con una combinación perversa de propaganda, informaciones falsas y desinformaciones dirigida desde el Estado.

La reaparición de Rusia en el escenario político internacional tras la caída de la Unión Soviética tiene en ascuas a los círculos diplomáticos y los servicios de inteligencia estadounidenses. Los más veteranos expertos en temas rusos advierten a Washington de la amenaza creciente que representa Moscú para las democracias de todo el mundo, incluidas las de Latinoamérica y el Caribe. La propaganda, las informaciones falsas y las desinformaciones forman parte de los muchos aspectos que engloba la palabra propaganda en ruso.

La propaganda es, desde hace décadas, un elemento fundamental de la política exterior rusa en su extranjero cercano, es decir, las antiguas repúblicas soviéticas y los países del Pacto de Varsovia, geográficamente próximos a Rusia. Sin embargo, en los últimos años, Moscú ha incrementado sus esfuerzos para reorganizar y llevar a cabo actividades de propaganda en el extranjero lejano, es decir, regiones tan remotas como Latinoamérica y el Caribe. El objetivo ruso es debilitar las fuentes de información y las instituciones democráticas occidentales. Y, en general, reducir la influencia del sistema internacional construido por Occidente.

Propaganda rusa: socavar la confianza en las fuentes occidentales de información

El objetivo de la propaganda rusa en Latinoamérica no es convencer a la población sobre las virtudes de la política rusa, impulsar su imagen o promover su concepción del mundo, sino erosionar la confianza en instituciones occidentales como la democracia ...