Una mujer camina junto a un sin techo en silla de ruedas en Los Angeles, donde la tasa de personas sin hogar ha aumentado más de un 20% el último año. (David McNew/Getty Images)

Quizá parezca una quimera hablar de un mundo con una Renta Básica Universal, pero existen indicios de que puede convertirse en realidad. ¿Podría reducir la pobreza? ¿Es sostenible económicamente? He aquí argumentos a favor y en contra, el debate está servido.

Imaginemos un país en el que el Estado cubre los costes básicos de la vida para todos los ciudadanos. Ricos, pobres, empleados, desempleados, autónomos: todos obtienen la misma cantidad de dinero, todos los meses. El sistema de bienestar rígido, en el que las prestaciones están tan condicionadas, es algo del pasado. En una economía moderna y dinámica ya no es ningún problema que una persona trabaje durante un tiempo y durante otro no. Por no hablar de otras ventajas de un mundo así: las mujeres tienen independencia económica, les es más fácil dejar a una pareja violenta, la salud de la población en general mejora, la gente tiene más tiempo libre para pasarlo con su familia o para ayudar a sus padres, que viven más años y necesitan que cuiden de ellos. Así como el principio del Estado del bienestar fue uno de los elementos característicos del mundo desarrollado tras la Segunda Guerra Mundial, este nuevo principio definirá el Estado en el siglo XXI. O no.

Quizá parezca una utopía hablar de un mundo con una Renta Básica Universal o incondicional (RBU), pero existen indicios de que puede convertirse en realidad. Numerosos partidos políticos alternativos y organizaciones de la sociedad civil defienden la idea de la renta universal desde hace décadas. Los experimentos de una renta básica de alcance limitado en India y Brasil han demostrado ...