Vista general del Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia (FREDERICK FLORIN/AFP/Getty Images).

Si se pregunta a qué amenaza se enfrenta la UE en estos momentos, la respuesta será seguramente unánime: ese conglomerado en auge electoral que forman el populismo, el nacionalismo, el racismo y la xenofobia. Es verdad, pero no toda la verdad.

Lo que falta añadir a la respuesta es que si esa coalición avanza y amenaza a la UE es, en buena medida, porque hemos sido incapaces de construir un espacio público europeo en el que poder desmontar con argumentos la demagogia que sus componentes derrochan sin pudor un día sí y otro también.

En realidad, el espacio público nacional aislado es el marco idóneo para el crecimiento de la citada coalición, pues en sus límites es relativamente sencillo culpar a Bruselas de los males del país, atribuir a la Unión Europea el avieso propósito de apropiarse de su soberanía y, en fin, presentar a otros socios comunitarios como enemigos declarados (empezando, cómo no, por Alemania) de la nación.

Por ejemplo, los partidarios del Brexit nadaron como peces en el agua en el mar de mentiras vertidas durante décadas contra Europa, y en el tema migratorio, desde Salvini hasta los Demócratas Suecos todos hacen su agosto responsabilizando a la UE de una supuesta invasión descontrolada que pondría en jaque la continuidad nacional..

Por el contrario, si existiera un espacio público europeo en el que todas los puntos de vista pudieran expresarse y confrontarse democráticamente, sería mucho más complicado mantener ideas tan simplistas y disparatadas al apreciarse la complejidad de los problemas y la necesidad de que las soluciones a los mismos fueran más allá de las fronteras nacionales, es decir, que radicaran en la UE e incluso más allá.

Los miembros del Parlamento Europeo participan en una sesión de ...