El primer ministro de Laos, Thongloun Sisoulith, se reúne con el presidente chino, Xi Jinping, en Beijing. (Mark Schiefelbein-Pool/Getty Images)

El cambio de status de la relación entre Laos y China se convierte en un punto de inflexión en la estrategia del gigante asiático en el Sureste Asiático.

El Indo-Pacífico comienza a adquirir una nueva dimensión tras la inauguración el pasado mes de diciembre del primer tramo de la gran red de conexiones por vía férrea concebida por China para unir la ciudad china de Kunming, capital de la provincia de Yunnan, al suroeste del país, con Singapur. A este tramo se irán incorporando paulatinamente otros Estados del Sureste Asiático como Myanmar, Vietnam, Camboya y Tailandia, como parte del denominado Corredor Económico China–Península de Indochina (CICPEC, por sus siglas en inglés), lo que permitirá conectar con una región que engloba a casi 680 millones de personas.

Estratégicamente situado entre el Índico y el Pacífico, conectar por tren con el Sureste Asiático supone para China tener acceso prioritario a la Ruta de la Seda Marítima a través de los enclaves que conforman el denominado collar de perlas y que constituyen los puertos identificados en la estrategia de China para desplegar influencia en la región. Esta relevancia geopolítica sitúa a esta área como parte esencial de la estrategia de política exterior del gigante asiático con los países ASEAN. Reflejo de ello es el cambio de status de la relación con Laos a la categoría de asociación estratégica integral tras la última cumbre de noviembre, el mismo nivel que China mantiene con la Unión Europea.

Después de que ni Francia ni Japón impulsaran mejoras logísticas en la región cuando ostentaban su dominio sobre la zona, Pekín no sólo ha priorizado el despliegue de la mayor iniciativa de infraestructuras, sino que ha convertido esta ...