La humanidad ha hecho grandes progresos durante los últimos 2.000 años y con frecuencia asumimos que nuestra trayectoria, a pesar de unos cuantos baches que hemos podido encontrar en el camino, va siempre hacia arriba. Pero nos equivocamos: es probable que durante este siglo las limitaciones medioambientales y de recursos detengan el crecimiento económico global.

FP CUESTIONA MÁS CREENCIAS ESTABLECIDAS

Los límites sobre los recursos disponibles ya restringen la actividad económica en muchos sectores, aunque su impacto normalmente no se reconoce. Tomemos como ejemplo los elementos conocidos como “tierras raras”, minerales y óxidos que resultan esenciales para la fabricación de muchas tecnologías. Cuando hace poco China paró de exportarlos, la repentina escasez amenazó con obstaculizar la actividad de una amplia gama de industrias. La mayoría de los comentaristas creyeron que la contracción de la oferta se relajaría una vez que abrieran nuevas minas de tierras raras (o minas que permanecían en la reserva). Pero este optimismo pasa por alto una realidad física fundamental. A medida que los mejores yacimientos del mineral se van agotando, quienes explotan las minas se van desplazando hacia depósitos con menos concentración y que presentan circunstancias naturales más difíciles. Estas minas causan más contaminación y requieren más energía. En otras palabras, abrir nuevas minas de tierras raras fuera de China dará como resultado un demoledor impacto medioambiental.

O consideremos el petróleo, que proporciona aproximadamente un 40% de la energía comercial del mundo y más del 95 % de la energía del transporte. Las empresas petrolíferas generalmente tienen que trabajar cada vez más para obtener cada nuevo barril de crudo.

El carbón y el gas natural todavía ofrecen altos rendimientos en energía. De modo que, a medida que el oro negro se vaya haciendo más difícil de obtener en las próximas décadas, estas fuentes de energía serán ...