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Soldados indias antes de partir a una misión de paz de Naciones Unidas, nueva Delhi. Raveendran/AFP/Getty Images

Frenar la violencia sexual e impulsar la transformación social es el fundamental rol de las mujeres en las misiones de paz de la ONU. Sin embargo, su mayor acceso a los puestos de mando sigue siendo la asignatura pendiente.

En 1993, las mujeres apenas representaban el 1% de todo el personal desplegado en las misiones de paz de la ONU. Veinticinco años después, de los más de 91.000 cascos azules activos, el 4,7% son mujeres, una cifra que asciende al 10,7% entre el personal policial de las operaciones. Aunque la brecha de género sigue siendo acusada, el papel de las mujeres para recabar información relevante, frenar la violencia sexual e impulsar transformaciones sociales que fragüen una paz duradera es cada vez más valorado. Más allá de alcanzar la paridad numérica, el verdadero reto ahora es conquistar también los puestos de mando.

El camino del cambio tiene su inicio en octubre de 2000, cuando la ONU aprobó la resolución 1325 sobre ‘Mujeres, Paz y Seguridad’ en la que se “insta a todos los actores a aumentar la participación de las mujeres e incorporar las perspectivas de género en todos los esfuerzos de paz y seguridad de Naciones Unidas”. Desde entonces, cada nuevo mandato –o los que se han ido renovando, como el de la African Union Mission to Somalia (AMISOM)– ha exigido un compromiso mayor con la presencia de mujeres en los despliegues. Sin embargo, hasta la fecha la implementación de la resolución 1325 ha sido desigual: sólo 74 países, el 38% de los miembros de la ONU, han puesto en marcha planes nacionales (NAPs por sus siglas en inglés) para impulsar el papel de las mujeres en misiones ...