En China se puede discutir si la economía crecerá al ritmo esperado el próximo año o si serán capaces de doblegar al mercado bursátil. Lo que difícilmente puede discutirse es que en 2016 sus ciudadanos serán menos libres.

Un hombre navega por Internet en Pekín. Frederic Brown/AFP/Getty Images
Un hombre navega por Internet en Pekín. Frederic Brown/AFP/Getty Images

El motivo es un cuádruple mazazo legislativo que reduce aún más el margen de maniobra de la sociedad civil. La primera ley, relativa a la seguridad nacional, se promulgó el pasado uno de julio y las otras tres -que se ocupan de Internet, terrorismo y las ONG- seguirán, probablemente, el mismo camino durante los próximos meses. Merece la pena analizarlas una a una, pero antes conviene recordar que las medidas de Pekín tienen un contexto que suele amputarse en los medios occidentales.

Muchos países, como España, están restringiendo las libertades de expresión y manifestación (y ampliando, considerablemente, el campo de acción de la policía) con la excusa o la justificación que preservar el orden público. Otros tantos, como Estados Unidos, llevan más de una década interviniendo, masivamente, las comunicaciones nacionales y extranjeras y burlando las reglas más elementales de privacidad, afirmando sin cesar que lo hacen para prevenir ataques terroristas. Algunos de los aliados de Washington, que no han desarrollado sus propios programas intrusivos, colaboran activamente con la agencia NSA cuando ésta se lo pide. Por último, conviene recordar que, aunque muchas organizaciones no gubernamentales hacen tareas estrictamente humanitarias, algunas también han realizado labores de inteligencia y se han financiado con fondos extranjeros para promover cambios de régimen o golpes de Estado.

Teniendo presente ese contexto, ya podemos hablar de la nueva estrategia que Pekín acaba de apadrinar con su reciente ley de seguridad nacional. El actual líder chino, Xi Jinping, quiere concentrar todo el aparato de seguridad del Estado ...