El sector espacial ha crecido tanto en las últimas décadas que se ha vuelto indispensable un esqueleto legal que le confiera estructura: no hay desarrollo sin armazón normativo, dicen los expertos. El trabajo por delante es mucho y variado. Tiene que ver con la basura espacial y con los usos militares del espacio; con un nuevo tipo de turismo de masas y con la propiedad de la Luna. Y, cómo no, con el eterno debate de cómo lograr que toda la humanidad tenga realmente acceso a un recurso de todos. Pasen y vean, el espacio nunca defrauda.   

Ay! El espacio ya no es lo que era. Sigue siendo fascinante, por supuesto. ¿Quién no se sobrecoge ante la imagen de un astronauta flotando en el vacío con la Tierra a sus pies? Y sigue siendo, también, la puerta hacia viejas utopías, como la colonización humana de Marte. Pero ahora, el espacio es mucho más que mística. Es imprescindible. En apenas cinco décadas, la tecnología espacial se ha vuelto indispensable para la vida cotidiana. Los satélites dicen qué tiempo hará mañana y estudian el cambio climático; ayudan a los taxistas a encontrar la mejor ruta y construyen una economía global; alertan sobre inundaciones y avistan bancos de peces. Desde el lanzamiento del pequeño Sputnik, en octubre de 1957, han sido puestos en órbita unos 6.000 satélites, de los que en torno a 900 siguen hoy activos. Definitivamente, el espacio ya no es lo que era.

Y hay más cambios. Por ejemplo: ya no hace falta ser casi un superhéroe para subir a más de 100 kilómetros de altura, la frontera oficial del espacio. Con dinero suficiente, una salud razonable y cierta resistencia al mareo, es posible convertirse en turista espacial. Varias compañías privadas tienen ya clientes con nombre y ...