Todavía queda mucho por hacer.

 










AFP/Getty Images

 

El segundo aniversario de la primavera libia ofrece una oportunidad para valorar cómo han ido las cosas en el país desde el derrocamiento de Muamar Gadafi. Desde el primer momento se alzaron algunas voces que alertaban sobre las consecuencias de permitir que unas estrategias dirigidas desde el extranjero interfirieran en los asuntos nacionales. Aunque todos parecían estar de acuerdo en que era beneficioso acabar con el régimen de Gadafi, no estaba claro si los libios deberían haberlo hecho por sí solos o si necesitaban apoyo exterior para lograr sus objetivos. Al final, los rebeldes libios recibieron una ayuda considerable de varios miembros de la OTAN, con la aportación de algunos países árabes (Qatar y los Emiratos Árabes Unidos). Ahora que Libia ha iniciado una nueva etapa de su historia, tal vez sea útil comprobar si se puede hablar o creer en un éxito libio o no.

Sería un error pensar que existe un consenso sociopolítico entre los libios. Aunque la opinión de Trípoli es que las perspectivas del país son mejores de lo que eran bajo el gobierno de Gadafi, en otras partes del país, esa confianza en el futuro tiene matices. En Sebha (en el sur), Bani Walid (oeste) y Bengasi (este), para no hablar de algunas zonas olvidadas de las afueras de la capital, el sentimiento mayoritario es que adoptar la idea de construir una nueva Libia no significa desarrollar las alianzas para desarrollar ese proyecto con actores escogidos al azar. Las amenazas que se ciernen sobre la presencia occidental en la ciudad de Bengasi, tanto instituciones como personas, son un síntoma claro de esta situación.

En Libia está surgiendo una ...