El nuevo dirigente de Irán debe liderar un país destruido económica, política y socialmente y sin contar con todos los apoyos necesarios. ¿Logrará algún cambio?

 















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BEHROUZ MEHRI/AFP/Getty Images

 

Del nuevo presidente iraní, Hassan Rohaní, se dice que es un gran político, un hombre pragmático, un diplomático hábil y un experto conocedor de todos los recovecos de la compleja estructura de la República Islámica. Pertenece a las entrañas de la revolución en la que acompañó al ayatolá, Ruhollah Jomeini, en su exilio en Francia. Más tarde estuvo en el frente de batalla en la guerra contra Irak –de aquel entonces le quedan como herencia una relación estrecha con los árabes iraníes-, estuvo encargado de las negociaciones nucleares durante el Gobierno del reformista Mohammed Jatamí –que le valió para hacerse un nombre en las cúpulas de poder de los países occidentales-, dirige uno de los centros de pensamiento más importantes del país y ha sido consejero en materia de seguridad del Líder Supremo, Alí Jamenei, hasta hoy.

Aunque muy pocos ponen en duda que tiene la capacidad para ponerse al frente de los retos que tiene por delante, nadie asegura que pueda salir victorioso. El camino es extremadamente difícil porque Irán está roto tras ochos años de presidencia de Mahmud Ahmadineyad. He aquí los desafíos para el nuevo presidente iraní.

1. Reconstruir la esperanza


La desilusión de la sociedad iraní es endémica. No sólo es exclusiva de los sectores educados de las grandes ciudades. Esta desesperanza se ha ido apoderando de los diferentes segmentos de la población desde la represión que prosiguió a las protestas postelectorales de 2009, pero terminó por ahondarse con la crisis económica, ...