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Una mujer da comida a un elefante en el parque Hagenbeck en Hamburgo, Alemania. Lukas Schulze/picture alliance via Getty Images

¿Hay que conceder a los animales el estatus de personas jurídicas? ¿Pueden presentar demandas en los tribunales? ¿Y qué ocurre con los bosques o los ríos? ¿Tienen derechos legales? Hay nuevas escuelas de pensamiento —filosófico y legal— que alegan, de forma cada vez más convincente, que estas preguntas deberían tener respuestas afirmativas.

Se están formando coaliciones internacionales para promover los derechos de los no humanos, en concreto los derechos de la naturaleza y de las especies no humanas. Una persona jurídica no tiene por qué ser humana; hace mucho tiempo que las empresas son personas jurídicas, con la facultad de tener representación ante los tribunales o de actuar legalmente por sí mismas. Nueva Zelanda otorgó el carácter de persona jurídica al río Whanganui, con el fin de que los maoríes locales tuvieran más potestad para protegerlo. El estado indio de Uttarkhand dio el mismo estatus a los tramos de los ríos Ganges y Yamuna que atraviesan su territorio (aunque la decisión fue revocada posteriormente por el Tribunal Supremo del país). Los derechos de la naturaleza figuran de manera explícita en las constituciones de Bolivia y Ecuador, y en numerosas leyes locales de varios países.

Si bien el nexo entre la salud del medio ambiente y los derechos humanos no es nuevo, y muchas constituciones reconocen ese derecho del ser humano a vivir en un entorno saludable, la reivindicación de los derechos de la naturaleza sí es muy reciente. No se basa en las necesidades de los seres humanos, sino en la afirmación, más idealista, de que la propia naturaleza tiene derecho a ser conservada y protegida. Concederle ese derecho es, según este argumento, la única manera de interrumpir el ...