La bandera de Naciones Unidas ondea en la sede de la organización en Ginebra, Suiza. Fabrice Coffrini/AFP/Getty Images)
La bandera de la ONU ondea en la sede de la organización en Ginebra, Suiza. Fabrice Coffrini/AFP/Getty Images)

Ante la sorpresa por la rapidez en el proceso de selección del Secretario General de Naciones Unidas, los retos a los que se enfrenta António Guterres y la organización que comienza a gestionar no son pocos.

Le elección del Secretario General de Naciones Unidas (SGNU) casi siempre ha estado rodeada de cierto misterio, un proceso que se asemeja a los Conclaves papales, con la única ausencia de fumata blanca al final de la partida. El actual SG, junto con los países miembros, había decidido alejarse de esta imagen e introducir un poco de transparencia en el procedimiento. Se postularon más de una docena de candidatos y en la última votación quedaron diez. Al principio, se les dio la oportunidad de hacer una presentación pública ante los miembros de la Asamblea General, seguida por sesiones de preguntas y respuestas. Aun así, el foco de la prensa internacional se concentraba en las negociaciones en los pasillos, con un sinfín de artículos sobre los candidatos, los resultados y el posible ganador.

Para empezar nos preguntamos: ¿qué cualidades se necesitan para ejercer el trabajo de diplomático número uno del mundo (el de Secretario General de Naciones Unidas)? Por supuesto, una larga trayectoria en los meandros de la política internacional con una muy recomendable experiencia en el sistema de la ONU. Tiene que ser carismático, pero no demasiado, para poder adaptarse a los grandes egos de los líderes mundiales. Frío, imparcial y equilibrado en sus decisiones, pero con empatía, teniendo en cuenta los grandes desafíos humanitarios de la actualidad. Ser también un buen administrador para ‘limpiar’ la pesada maquinaria de la organización universal más grande de la historia de la humanidad. Y por último, tiene que ser aprobado ...