sudanagua
Mujeres acarrean agua en Umm al-Qura al noroeste de Nyala en Sur de Darfur. (Ashraf Shazaly/AFP/Getty Images)

La violencia sexual contra la mujer en los espacios públicos es un problema que, como señala la ONU, no es atendido debidamente. La ordenación y el diseño de las zonas urbanas y rurales aún muestran y refuerzan la desigualdad de género y su fuerte impacto en el día a día de mujeres y niñas de todo el mundo.

Los diseños de los espacios públicos no son neutros. Cuando la configuración espacial se traza sin tomar en cuenta la perspectiva de género, los territorios pueden reforzar desigualdades sistémicas y agudizar las limitaciones de movimiento y las violencias que aún sufren las mujeres, las niñas, la comunidad LGTBI y aquellas personas que pertenecen a colectivos vulnerables o estigmatizados.

Tomar un medio de transporte público, asistir a la escuela o incluso ir al baño pueden ser trayectos percibidos como especialmente inseguros. Aunque cada comunidad tiene sus particularidades, organizaciones contra el acoso callejero como Hollaback! o Stop Street Harassment señalan que el problema está extendido globalmente.

Piropos, tocamientos indeseados, violaciones u homicidios por razones de género requieren una respuesta integral que ha empezado a tomar forma en algunas ciudades que, de momento, son la excepción. “El acoso sexual en el espacio público sigue, en gran medida, desatendido”, lamenta la coordinadora de ONU Mujeres en América Latina, Luiza Carvalho, cuya organización instó a los Estados en 2013 a adoptar medidas para erradicar estos tipos de violencia.

“Hay factores que convierten los territorios en zonas de confort para el acoso, como pasos subterráneos, áreas con iluminación escasa o inexistente, calles descuidadas o zonas abarrotadas donde el agresor puede huir impune”, señala Elsa D´Silva, activista india y fundadora de Safecity, una plataforma que mapea estos puntos negros en su país, ...