Es la oportunidad de la UE y EE UU de trabajar de forma conjunta para romper con la discriminación femenina no reconocida y dejar que las mujeres entren en los cargos de responsabilidad de las empresas y en política.

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La representación femenina en política tanto en Europa como en Estados Unidos es mínima, pero si hablamos de los cargos de responsabilidad de las empresas dirigidos por mujeres, entonces, es prácticamente nula. La mitad de la población no está representada. El motivo, según numerosos estudios, está muy claro: no es porque no haya candidatas competentes y profesionales es porque los hombres solo eligen a hombres.

Las agendas políticas a ambos lados del Atlántico están marcadas por hombres. Solo por dar algunos datos: menos de un cuarto de los miembros de los parlamentos y gobiernos europeos son mujeres. Para conseguir que haya un equilibrio en la representación de hombres y mujeres en los parlamentos europeos, un 63% de los candidatos que se presentaran a las elecciones tendrían que ser mujeres. Más datos, según el Instituto Europeo de Igualdad de Género, solo el 2% de los ministros de la UE son mujeres, menos del 14% de los embajadores europeos son del sexo femenino y 9 de cada 100 decanos universitarios son mujeres.

Al otro lado del Atlántico la situación no es mejor. En las últimas elecciones estadounidenses, 101 mujeres fueron elegidas para el Congreso. Lo interesante es  que con estos resultados el Congreso fue calificado como el más diverso de la historia en términos de género, lo curioso es que hay 535 sitios disponibles. EE UU se sitúa siempre en los rankings en los puestos más bajos en representación femenina comparado con otros países similares.

Todo esto en términos de representación política, pero ¿qué pasa en las empresas? El mundo empresarial ...