Lo que las revistas de los aviones no quieren que sepamos.

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En la época dorada de Pan Am y Eastern Airlines, los vuelos comerciales eran una muestra de opulencia, una cosa bella y extraordinaria. Si la expresión “la jet set” sigue evocando imágenes de gente rica sorbiendo martinis mientras se dirigían a destinos exóticos, llenos de sombrereras y maletas de firma, es por algo. Puede que todo eso haya quedado muy atrás, pero, en una era en la que la clase turista se ha convertido en un ejercicio de humillación optativa, todavía queda uno de los placeres de aquellos primeros tiempos: ya no nos ofrecen una bebida, pero siempre encontramos una revista gratuita de la línea aérea en el bolsillo del asiento de delante.

De hecho, hoy se ofrecen más de 200 publicaciones de este tipo a 10.000 metros de altura, desde la más antigua, Holland Herald, de KLM (que apareció por primera vez en 1966), hasta Smile, la revista de la línea aérea filipina Cebu Pacific Air, y el magazine de lujo Oryx, de la igualmente lujosa Qatar Airways. Gracias a un público cautivo (literalmente) y una reserva aparentemente infinita de anunciantes deseosos de apoderarse de la vista y la cartera de los viajeros, la revista de avión ha demostrado ser muy resistente, incluso mientras Internet y la crisis económica acaban con otros productos impresos. Por ejemplo, Holland Herald asegura que llega a 2,1 millones de viajeros cada mes, y marcas como Armani y American Express pagan por llenar sus páginas relucientes.

Además de vender espacios publicitarios, las revistas de avión venden destinos; a veces, países enteros. Lo cual está muy bien cuando la revista en cuestión es KiaOra,de Air New Zealand, y el país del que habla es una democracia isleña bucólica y en pleno ...