Pero ¿y si los expertos se equivocan?

Para muchas personas en Occidente, la pobreza es casi sinónimo de hambre. De hecho, el anuncio de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2009, de que más que 1.000 millones de personas pasaban hambre, inundó los titulares como nunca lo habían logrado los cálculos del Banco Mundial sobre el número de pobres que viven con menos de un dólar diario.

Pero, ¿es cierto? ¿De verdad hay más de 1.000 millones de personas que se acuestan hambrientos cada noche? Nuestra investigación al respecto nos ha llevado a aldeas rurales y a atestadas favelas de todo el planeta. Así hemos recopilado datos y hemos hablado con los pobres sobre lo que comen y lo que compran, desde Marruecos a Kenia, de Indonesia a India. También hemos tenido acceso al acervo de conocimientos de nuestros colegas académicos. Lo que hemos descubierto es que la historia del hambre -y de la pobreza en términos más generales- es mucho más compleja que una estadística o una gran teoría; es un mundo en el cual los que no tienen suficiente para comer son capaces, por el contrario, de ahorrar para comprar un televisor; en el que tener más dinero no se traduce necesariamente en comer más alimentos, y en el que, en ocasiones, abaratar el arroz puede llevar a la gente, incluso, a comprar menos.

KAMBOU SIA/AFP/Gettyimages


Pero lamentablemente, esto no coincide siempre con el mundo según lo ven los expertos. Muchos de ellos aún promueven soluciones radicales e ideológicas a problemas para los que no valen respuestas de talla única, poniendo en cuestión la ayuda extranjera, por ejemplo, mientras la realidad sobre el terreno tiene poco que ver con las feroces batallas políticas que ellos sostienen. ...