España, entre otros países europeos, ha aportado tropas a la nueva FINUL, que ha de asegurar la difícil paz en Líbano. Aunque esta vez los cascos azules sí podrán emplear la fuerza letal, si fuera necesario,el éxito no está garantizado. Será complicado defender su credibilidad con firmeza frente a Israel y Hezbolá.










La guerra de 2006 entre Israel y Líbano se recordará tanto por el error de cálculo de Hezbolá (el Partido de Dios), que intentó estirar las reglas del juego con resultados desastrosos, como por la incapacidad de Israel de derrotar a los militantes chiíes. Calculó que podría convertir el sur de Líbano en un matadero, sin civiles, donde podría derrotar por completo a Hezbolá. Sin embargo, el área acabó siendo una zona de desastre humano donde la milicia estaba muy dispuesta a enfrentarse al Ejército israelí, muy superior técnicamente, pero limitado en número de efectivos.

Cuando comenzó el conflicto, ni Israel ni su protector estadounidense llegaron a considerar que los cascos azules pudieran tener un papel serio. Al cabo de 34 días de guerra, durante los cuales las muertes de civiles aumentaron con rapidez (sobre todo en Líbano, donde fallecieron más de 1.200 personas, frente a 41 muertes en Israel) y el clamor internacional exigiendo un alto el fuego se volvió ensordecedor, la perspectiva de contar con una robusta fuerza de la ONU se hizo muy atractiva.

En mayo de 2000, Israel se retiró de Líbano de forma unilateral, tras la presión implacable de una resistencia encabezada por Hezbolá, formación que nació como hija de la revolución islámica iraní después de la invasión israelí en 1982. Si Irán es la madre de Hezbolá, Israel fue su padrastro, porque fue su ocupación, durante dos décadas, la que impulsó y perfiló al grupo armado chií.

En los 90, se desarrollaron unas reglas del juego entre ambos bandos, según las cuales los dos evitarían atacar a civiles y restringirían sus actividades a áreas muy definidas, sobre todo a los Altos del Golán ocupados por Israel, que, aunque pertenecen a Siria, contienen una pequeña porción de tierra considerada territorio libanés [las granjas de Chebaa]. El pasado 12 de julio, Hezbolá intentó forzar las reglas secuestrando a dos soldados israelíes en su propio país. Esperaba utilizarlos para negociar en torno a tres prisioneros libaneses que retenía Israel, cuyo Gobierno, sin embargo, decidió explotar la provocación como un casus belli y emprender una guerra para eliminar a Hezbolá. En realidad, el Tsahal (Ejército israelí) había estado esperando una oportunidad para saldar cuentas con la milicia libanesa, y tanto Israel como EE UU saborearon la oportunidad de devastar a un poderoso representante de Irán.

En los seis años posteriores al final de la ocupación, la frontera entre ambos países se mantuvo más tranquila de lo que había estado en los 30 años anteriores. Durante este periodo, Hezbolá mató a un civil israelí, víctima de los restos de una andanada de fuego antiaéreo contra ...