Construir la democracia en Irak será imposible sin
el protagonismo inmediato de la mayoría más olvidada del país:
sus mujeres. Pero aunque la Administración Bush pone énfasis en
los derechos femeninos en Oriente Medio, olvida apoyar estas palabras con hechos.
Un fracaso en el apoyo a las mujeres puede condenar a Irak al mismo destino
de sus vecinos árabes: autocracia, estancamiento económico y malestar
social
.


Era agosto de 2003 en la ciudad iraquí de Nayaf (mucho antes de la presencia
de los milicianos del clérigo musulmán Múqtada al Sáder
en la ciudad santa) y el teniente coronel de los marines de EE UU,
Christopher Conlin, se enfrentaba a un dilema. Al llegar a la ceremonia de toma
de posesión de Nidal Naser Husein, primera mujer jurista de Nayaf y seleccionada
por Conlin para el puesto de juez en el tribunal local, se encontró con
un grupo de manifestantes que protestaba contra su nombramiento. A pesar de
su número relativamente escaso (unos treinta en una ciudad de más
de medio millón), Conlin se echó atrás y retrasó
indefinidamente el nombramiento de Husein.

Por desgracia, episodios como éste no son nada infrecuentes. Aunque la
Administración del presidente George W. Bush ensalza el progreso de las
mujeres como la piedra angular de su estrategia en Irak, las buenas intenciones
han sustituido a una política coherente. La Administración estadounidense
invirtió millones de dólares para la formación profesional
femenina a través de la Autoridad Provisional de la Coalición
(CPA), la entidad creada por EE UU para gobernar Irak hasta el traspaso de la
soberanía el pasado 28 de junio al Gobierno provisional constituido unas
semanas antes. Pero después de que las grandes operaciones de combate
terminaran oficialmente en mayo de 2003, la CPA socavó su propia labor
al permitir que las iraquíes se ...