Después de Libia, hay que renovar el partenariado de seguridad entre la Unión Europea y África.

 










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La ausencia esta semana de la Unión Africana (UA) en la Conferencia Internacional de Londres sobre Libia, pone de manifiesto la división y los frágiles fundamentos de la asociación de seguridad de África con la Unión Europea. Las estrategias de Occidente respecto al norte del continente africano se han visto trastornadas por las revueltas populares contra los gobernantes autoritarios de toda la región. El desacuerdo de la UA con la coalición militar en Libia representa, sin duda, el ejemplo más claro, hasta ahora, del contagio de la inestabilidad geopolítica en el mundo árabe.

Como la acción militar de la coalición y la guerra civil continúan en territorio libio, las preguntas serían: cómo conformarán estos sucesos los procesos políticos de África y cómo la comunidad internacional debe responder a las posibles consecuencias negativas que puedan tener lugar a largo plazo. Las preocupaciones de la UE en materia de seguridad, sorprendentemente, se han mantenido en el Sáhara –el flujo de inmigración ilegal, el extremismo islámico, el narcotráfico y el crimen organizado. Si los intereses generales compartidos terminan con víctimas colaterales como las de los combates de esta semana, el partenariado de seguridad que tan meticulosamente ha desarrollado Bruselas con la UA y los Gobiernos subsaharianos se podría desbaratar, socavando con peligro, el espíritu de colaboración implementado por Europa y África en la última década.

Numerosos países africanos, como Sudán, Gabón, Camerún, Senegal y Yibuti, han sido ya escenarios de protestas. En Etiopía y Zimbabue, los regímenes han tomado medidas preventivas para evitar disturbios, incluido el arresto de 46 personas en Harare por ...