La presidenta brasileña, Dilma Rousseff , dando un discurso en el Palacio de Planalto, Brasilia, marzo de 2015. Evaristo Sa/AFP/Getty Images
La presidenta brasileña, Dilma Rousseff , dando un discurso en el Palacio de Planalto, Brasilia, marzo de 2015. Evaristo Sa/AFP/Getty Images

La presidenta Dilma Rousseff se enfrenta a los retos de estabilizar los números macroeconómico y conservar las alianzas políticas en un contexto internacional menos favorable y con una fuerte caída de su popularidad entre la opinión pública brasileña. He aquí un repaso político, económico y social del gigante americano, un país no exento de grandes desafíos en el horizonte.

Las elecciones presidenciales Brasil en 2014 fueron sin lugar a dudas un plebiscito para la gestión del Partido de los Trabajadores. La campaña electoral se trató de una clara demostración de los supuestos dos modelos de país que se enfrentaban. Por un lado el continuismo del PT, que tras 12 años en el poder (ocho de Luiz Inacio Lula da Silva y cuatro de Dilma Rousseff) prometía una rol activo del Estado, con políticas fiscales expansivas y una visión económica heterodoxa. En la vereda de enfrente, el PSDB de Aécio Neves se posicionaba como una fuerza de centro-derecha, más rigurosa que los primeros en mantener las cuentas públicas en orden, en la profesionalización del Estado y el incentivo a la actividad privada. La defensa del PSDB de un Estado equilibrado fiscalmente fue utilizada por Dilma Rousseff para atacar a Aecio durante los diversos debates preelectorales. La candidata oficial apuntaba a que la vuelta del PSDB al Gobierno significaría un regreso a las medidas de ajuste, abriendo inclusive un interrogante sobre la continuidad de las políticas sociales en caso el PT abandonara el poder.

Hoy, ya entrado el año 2015 y observando las primeras decisiones adoptadas por Dilma Rousseff en su flamante segundo mandato, se podría afirmar, sin temor a equivocarse, que el debate electoral no fue una honesta representación ...