Figuritas de pasta de los líderes del G20 que acudirán a la Cumbre de Hangzhou, en China, los días 4 y 5 de septiembre de 2016 (STR/AFP/Getty Images).
Figuritas de pasta de los líderes del G20 que acudirán a la Cumbre de Hangzhou, en China, los días 4 y 5 de septiembre de 2016 (STR/AFP/Getty Images).

El G20 se debate, esta vez en China, entre la ambición por alcanzar acuerdos y la implementación de lo ya acordado.

Por primera vez China será la organizadora de la Cumbre del G20, que tendrá lugar en la ciudad de Hangzhou la primera semana de septiembre. Este hecho cobra importancia dadas las predicciones que avisan de una ralentización del crecimiento económico del gigante asiático y, por tanto, de una pérdida de su peso relativo en la escena global. Pese a ello, el país sigue siendo la segunda potencia económica mundial y un actor clave para poner en marcha las medidas que puedan acordarse en el seno de este foro. De hecho, siguiendo la estela de la presidencia turca, la agenda china vuelve a centrarse en este aspecto, y da una idea de la principal debilidad del G20: la falta de mecanismos para aplicar los acuerdos alcanzados y de herramientas de sanción a quienes no los hagan efectivos en el tiempo y forma acordados.

Además de implementar acuerdos pasados, Hangzhou también quiere centrarse en la promoción del comercio exterior ante la caída de volumen de las exportaciones e importaciones globales o asuntos económicos que se han quedado en el tintero. Uno de los principales temas al respecto es la lucha contra los paraísos fiscales y la evasión fiscal en la escena internacional, asunto que ha escalado en la agenda económica del grupo tras el escándalo de los papeles de Panamá en abril de 2016. El G20 ya emitió un comunicado destacando la voluntad de los veinte para acabar con los paraísos fiscales, instando a los países que los albergan a sumarse a los ...