Buceamos en el gasoducto soñado por Europa, que se transformó en la guerra del gas con Rusia.

Cuando este verano se filtró a una publicación de negocios alemana el nuevo y lucrativo empleo de Joschka Fischer como “asesor de comunicación política” para un consorcio de empresas energéticas europeas, un comentario hizo palidecer a todos los demás. “Bienvenido al club”, dijo Gerhard Schröder, consejero (aún mejor remunerado que el primero) del bando rival en la cada vez más politizada guerra energética europea. La observación de Schröder fue breve, sarcástica y directísima. Los dos hombres lideraron Alemania juntos durante ocho años, con Schröder como canciller de centroizquierda y Fischer como su ministro de Exteriores. Su duradera cooperación se mantuvo firme en el complicado periodo que vivió Europa tras la guerra fría, y Fischer siempre apoyó al entonces canciller públicamente; incluso declaró a Der Spiegel que Schröder “constará en los libros de historia como un gran canciller”.

Pero desde que su Gobierno de coalición se derrumbó en 2005, la polémica labor de Schröder ha provocado una ruptura más que pública entre los dos antiguos aliados. Menos de un mes antes de abandonar la cancillería, Schröder utilizó su cargo para garantizar un préstamo de 1.400 millones de dólares (990 millones de euros), rechazado más adelante, para un gasoducto apoyado por el Kremlin que conectaría Rusia con Alemania a través del fondo del mar Báltico. Apenas unos días después de finalizar su mandato, Schröder aceptó un importante puesto en el consorcio gestionado por la empresa estatal que ostenta el monopolio ruso del gas, Gazprom. El acuerdo causó un enorme escándalo en Alemania, donde Schröder fue conocido durante años como Genosse der Bosse (camarada de los jefes).

La entrada del ex canciller en la nómina energética del Kremlin despertó la alarma en Europa sobre el riesgo potencial de la dependencia de Rusia para el suministro de gas natural. Moscú proporciona alrededor de una tercera parte del gas que utiliza la UE, algunos de cuyos países miembros dependen de ese país al cien por cien. Lo que es más, se prevé que para 2030 el consumo anual de gas habrá aumentado en Europa un 40%, lo que dispara aún más las inquietudes sobre Rusia. Durante estos últimos años, el Kremlin ha cortado varias veces el suministro de forma radical debido a conflictos con los principales países de tránsito del gas, como Ucrania, dejando a millones de europeos muertos de frío en pleno invierno.











Los jugadores: desde arriba a la izquierda hasta abajo a la derecha: el primer ministro ruso, Vladímir Putin; el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev; el presidente ruso, Dmitri Medvédev; el presidente ucraniano, Víktor Yushchenko; el ex ministro alemán de Asuntos Exteriores Joschka Fischer, y el ex canciller alemán Gerhard Schröder.




Schröder había actuado de forma favorable a Rusia durante su mandato: llegó a llamar “perfecto demócrata” al espía de la KGB convertido en presidente Vladímir Putin. Aunque ...