Manifestación a favor de la paz en Calí, Colombia. Luis Robayo/AFP/Getty Images
Manifestación a favor de la paz en Calí, Colombia. Luis Robayo/AFP/Getty Images

¿Cómo entender que Colombia deba hacer un plebiscito para saber si sus ciudadanos están de acuerdo con firmar la paz? Más sorprendente, ¿por qué las primeras encuestas arrojaron que el No sería la opción más votada en el plebiscito?

Esta realidad es producto de un conflicto armado de más de seis décadas, varios intentos fallidos de diálogo entre el Estado y las FARC, y una sociedad que se ha acostumbrado a ignorar en su día a día lo que significa vivir en medio de una de las peores crisis humanitarias del mundo. Pero especialmente se debe a que el proceso de paz que acaba de concluir el gobierno de Juan Manuel Santos tras casi cuatro años de negociaciones se inició a escondidas de los colombianos. Ni los partidos de izquierda, derecha o del centro, ni mucho menos el ciudadano colombiano pensó que un presidente hijo de una de las familias empresariales con más poder político en el país, ex ministro de Defensa del gobierno de derechas de Álvaro Uribe, y sobre todo, elegido con niveles de votación relativamente bajos, se arriesgaría a establecer un proceso de diálogo con la guerrilla de las FARC.

No tenía porqué arriesgarse, las múltiples experiencias que durante décadas han intentado avanzar en el diálogo de la paz han sido catastróficas. Las más recientes tuvieron lugar bajo las presidencias de Belisario Betancourt (entre 1982 y 1986) en el campamento Casa Verde, y posteriormente con César Gaviria (1990-1994) en Caracas y Tlaxcala (México). Y, por supuesto, el momento más recordado de los últimos años, el episodio de “la silla vacía” en 1999 con la imagen del ex presidente Andrés Pastrana sentado solo en la mesa de diálogo en medio de una zona de 42.000 kilómetros ...