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Milicianos Tuaregs del Movements of the Azawad (CMA) en el norte de Malí. (STRINGER/AFP via Getty Images)

He aquí las claves para entender cómo los grupos armados actuales que están surgiendo en África tienen la necesidad de cambiar un contexto social, económico y político y cómo la respuesta armada en el contexto internacional, no está siendo efectiva ni los está frenando.

Cualquier intento de imponer una causa-efecto a las complejas dinámicas que envuelven la lucha armada en el continente africano es fútil. Las causas son siempre diversas, coyunturales y atadas a una serie de procesos históricos, políticos y sociales multiformes (la tesis de Iván Navarro y algunas de sus publicaciones son especialmente reveladoras al respecto). No obstante, si tomamos como ejemplo los grupos armados que han surgido en el continente en los últimos cinco años aproximadamente podemos esbozar un patrón.

Incluso añadiendo aquellos grupos secesionistas como el de la Ambazonia en Camerún, se observa una tendencia de grupos con aspiraciones a cambiar el status quo en los países o regiones donde operan. Esta tendencia ha llevado en algunos casos a golpes de Estado y a la guerra, como en Malí o la República Centroafricana, con organizaciones cuyas aspiraciones están puestas en la toma de poder del Estado. En otras ocasiones, como Boko Haram o Al Qaeda en el Magreb (AQMI), han atacado a símbolos y actores estatales, pero sin tener como estrategia global hacerse con el poder. Estos también han tenido a civiles en su punto de mira, por su conexión con el Estado, con instituciones religiosas o de otra índole, que consideran como enemigos. Este tipo también muestra como otra de las grandes tendencias es acoger el islamismo como ideología y el terrorismo como forma de lucha, si bien no es la única. Como todo reto belicoso al status ...