Podemos evitar que los desacuerdos menores se conviertan en conflictos graves utilizando medidas estabilizadoras en conjunto con estructuras de paz de base. Los conflictos se producen y seguirán ocurriendo, pero si se actúa utilizando estrategias de prevención operativa y estructural, especialmente por parte de los Estados influyentes y las organizaciones multilaterales, se podrían evitar muchos de ellos.

Europa se enfrenta hoy a lo que muchos pensaban que nunca volveríamos a ver: una guerra. La invasión ilegal de Ucrania por parte de Rusia ha convertido a millones de personas en refugiados que han emprendido la huida a Polonia, Hungría, Alemania, Moldavia y Rumanía, todo en cuestión de días.

Barricadas para la defensa de la ciudad ucraniana de Odesa. (Scott Peterson/Getty Images)

Para muchos, los abrumadores niveles de agresión, las armas de fuego, además de los ataques peligrosos e ilegales a las centrales nucleares civiles, el uso de municiones de racimo, minas y la amenaza de la utilización de armas nucleares ha supuesto una gran conmoción.

Pero para las personas que viven en Siria, Afganistán, Yemen, Tigray (Etiopía), por nombrar solo algunos conflictos actuales, puede que no sea tan sorprendente.

La guerra se desborda, infiltrándose de forma dramática en los territorios vecinos y más allá. Las consecuencias incluyen el crecimiento de las economías ilícitas que socavan la gobernanza, la generación de personas refugiadas, la destrucción de ciudades y pueblos, daños medioambientales y más.

Los conflictos armados modernos son cada vez más destructivos y complejos de resolver. Como consecuencia, el número de acuerdos de paz ha disminuido drásticamente en la última década.

 

Una práctica inaceptable

A lo largo de la historia, la guerra ha formado parte de las relaciones sociales y políticas, hasta el punto de ser glorificada. La preparación para la guerra, que normalmente se formula como la disuasión de esta ...