Un trabajador de la Bolsa de Nueva York. Eduardo Munoz Alvarez/Getty Images
Un trabajador de la Bolsa de Nueva York. Eduardo Munoz Alvarez/Getty Images

El desplome de las materias primas –y no solo el del crudo o el gas– puede convertir en tóxicos los créditos que les dieron los bancos a cientos de empresas del sector, a los cientos de miles de trabajadores despedidos y a algunas instituciones públicas que multiplicaron sus presupuestos al calor del boom.

Los planetas de una tormenta perfecta están alineándose peligrosamente. Jesús Palau, profesor de finanzas internacionales de ESADE, cree que, de seguir así, “podemos encontrarnos con otra crisis subprime en dos o tres años”. Gail Tverberg, experta en la contabilidad del sector energético, afirma que ni los bancos ni los reguladores están preparados para esta oleada de hipotecas basura. Alberto Martín Rivals, socio responsable de Energía de KPMG en España, recuerda las brutales dimensiones del problema: “Solo en el último trimestre de 2015 se declararon en quiebra en Estados Unidos nueve compañías de petróleo y de gas con una deuda total de más de 2.000 millones de dólares”.

Esta vez, el origen del tifón de créditos basura no sería el sector del ladrillo, sino la terrible situación de muchas de las compañías que producen hierro, aluminio, cobre o combustibles fósiles. Las oprimen casi hasta la asfixia el desplome de los precios de su principal fuente de ingresos y la montaña de deuda que contrajeron con las entidades financieras gracias a la escalada de las materias primas y los estímulos monetarios y fiscales.

Casi inevitablemente, el miedo y la alarma han invadido los mercados. Gonzalo Ramírez, director de Renta Fija y Estructurados de Tressis, admite que “vivimos un escenario en el que, aunque los datos en general son buenos, el mercado está reaccionando como si estuviésemos en 2008: algunos índices de volatilidad ha llegado a ...