Protesta a favor de la democracia y en contra de la corrupción. en Brasil. Douglas Magno/AFP/Getty Images
Protesta a favor de la democracia y en contra de la corrupción en Brasil. Douglas Magno/AFP/Getty Images

En el país están encarcelándose a políticos y empresarios en un intento de frenar la corrupción.

Cuando el presidente de la Cámara de Brasil Eduardo Cunha fue arrestado de forma preventiva por corrupción, el pasado 20 de octubre, una mezcla de sorpresa e incredulidad se apoderó de un amplio sector de la ciudadanía. Parecía imposible que  hubiese caído uno de los hombres más poderosos del país, el Deus ex Maquina del impeachment, el político que urdió la trama y escribió el guión que culminó con la expulsión de la presidente Dilma Rousseff de su cargo.

En septiembre la ONG Transparencia Internacional (TI), que considera Cunha como uno de los hombres más deshonestos de Brasil, le tildó irónicamente de “Mr. Trust” en un vídeo de una campaña internacional contra la corrupción. La razón de este apodo es que Cunha negó ser el titular de unas cuentas suizas repletas de dinero, que hasta los jueces del país alpino le han atribuido. El ex presidente de la Cámara afirmó que era tan solo beneficiario de un trust, un fondo de inversión responsable de administrar bienes de terceros.

Este dato puede dar una idea de la trascendencia que ha tenido dentro del país la prisión preventiva de Cunha. Ahora la pregunta que lanzan tanto analistas como ciudadanos de a pie es si algo está cambiando en el complejo escenario político de Brasil que haga presagiar el fin o, por lo menos, la reducción de una de sus mayores lacras: la corrupción.

Brasil ostenta el muy poco halagador récord de ser el cuarto país más corrupto del planeta, solo por detrás de Chad, Bolivia y Venezuela. Este dato, divulgado a principios de octubre por el Foro Económico ...