He aquí 10 lecciones de la ex Yugoslavia.

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El mayor hincha de Bosnia y Herzegovina es de origen serbio. “Izet, Izet, Izet me arrodillo ante ti Izet… 2-1… Izet Hajrović… bienvenido al paraíso azul”. Así celebró el comentarista, Marjan Mijajlović, con la garganta rota, el gol contra Eslovaquia que significaba prácticamente la clasificación de Bosnia y Herzegovina para el mundial de Brasil. La independencia de Bosnia y Herzegovina y la guerra que le siguió marcaron su vida, pero dejó su sello en las exitosas retransmisiones de la selección bosnia de fútbol en su camino al Mundial de Brasil. Un reportero dijo: "Bosnia ganó este partido con un entrenador croata, un equipo de bosníacos y un comentarista serbio”. Sin embargo, algunos acusaron al comentarista de hablar con acento de Belgrado. Son las paradojas de un Estado dominado por tres mayorías étnicas (serbios, croatas y bosníacos). Mayorías que parecen integrarse en un equipo de fútbol, pero que parecen desintegrarse dentro de un Estado que se independizó en 1992.

Los últimos meses han hecho aflorar una vez más la cuestión del independentismo (Escocia, Cataluña, Kosovo, Flandes, Véneto...). Las causas del independentismo son varias y complejas, sin embargo, rara vez se reflexiona sobre sus consecuencias, si, como en el caso de Yugoslavia, efectivamente el independentismo se convierte en una realidad y el Estado se fragmenta en varios pedazos. A estos efectos busquemos qué tienen en común, más allá de sus hechos diferenciales, las repúblicas (y una provincia autónoma –Kosovo) ex yugoslavas una vez formaron sus propios Estados.

Un mundo en miniatura


Algo tan obvio no debe ser ignorado desde una óptica social: menos territorio, menos patrimonio, menos recursos, menos acontecimientos, menos interacción, menos estímulos, menos que compartir, menos personas con las que identificarse… el mundo se hace más ...