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Desde su comienzo en marzo de 2011, la brutal represión del régimen sirio contra sus oponentes rápidamente sugirió que su fin estaba cerca. Pero a diferencia de sus homólogos de Túnez y Egipto, el presidente Bachar el Assad no cede. Además, nadie en la escena internacional considera seriamente la idea de seguir el ejemplo libio e intervenir militarmente. Como consecuencia, aunque la violencia sigue actuando en Siria, también lo hacen las instituciones. Y hasta el momento nada indica que Bachar el Assad pueda caer pronto.

Puede que la población tema al régimen y a sus métodos, pero eso no explica la ausencia de levantamientos más significativos. Es cierto que la violencia existe, y las imágenes lo demuestran. Pero al mismo tiempo, observar los acontecimientos desde un ángulo más amplio también prueba que la mayoría del país, comenzando por Alepo (más de 5 millones de habitantes) y Damasco (4 millones) mantiene la calma. La solidaridad de los sirios con las víctimas de la violencia no se ha producido y el régimen todavía puede confiar en la lealtad de la población.

El Consejo de Seguridad de la ONU no ha logrado que Rusia y China apoyen los proyectos de resolución que intentaban empujar a El Assad hacia la salida. Ambos países argumentan que cualquier interferencia fuerte en los asuntos de Siria sólo serviría para añadir más leña al fuego. Pero al mismo tiempo es fácil darse cuenta de que incluso si Moscú y Pekín hubieran admitido una postura de mayor dureza hacia Damasco, en el terreno poco habría cambiado. El único camino a la expulsión del poder de Bachar sería una intervención militar. Al mismo tiempo, establecer su abandono del poder como el principal objetivo sería inútil, ya que las instituciones sirias en su conjunto necesitan una reforma total y no se puede hacer responsable únicamente a El Assad por las acciones del Ejército. Por tanto, el centrar la atención en los límites de Consejo de Seguridad no hace más que desfigurar los problemas reales. E incluso las sanciones económicas -como las decididas por la UE- se han demostrado inútiles.

En contra de la creencia generalizada, la principal debilidad de Siria se localiza en la ausencia de una alternativa seria al régimen actual. El Consejo Nacional Sirio, una organización liderada por los islamistas que ha sido bien acogida desde el principio por los acólitos del régimen, no hace más que representarse a sí mismo y a sus principales fundadores, y sufre divergencias internas. La mayor parte de sus miembros más importantes eran desconocidos en Siria hasta hace poco. Además, los Comités de Coordinación Locales, a quienes se toma como referencia cuando se habla de la oposición nacional interna, todavía dan la imagen de ser pequeñas células dispares que han fracasado a la hora de crear una dinámica popular más amplia. En paralelo, lo mismo podría decirse del Ejército Libre de Siria, una milicia con base principalmente en Turquía que afirma (con posible exageración) contar con 40.000 ...