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Por qué el continente necesita ahondar en políticas e invertir más para lograr su propio liderazgo en innovación digital e impulsar la recuperación económica.

El historiador y filósofo Yuval Noah Harari explica que “la gente teme el cambio porque teme lo desconocido. Pero la única y mayor constante de la historia es que todo cambia”. En los últimos meses, hemos vivido transformaciones sociales que no se hubieran producido tan rápidamente de no haber sido por la pandemia. Nos hemos visto forzados a reinventarnos como empleados y empresarios, como consumidores y comerciantes, como alumnos y profesores. Hemos aceptado que gran parte de nuestra vida cotidiana pase a ser digital, algo a lo que muchos eran reticentes debido a la falta de confianza que suscitaba todo lo virtual y, como indica Harari, por el miedo al cambio y a dejar de lado nuestra zona de confort.

La nueva normalidad a la que tanto se alude ahora es, en realidad, una nueva normalidad tecnológica: la explosión del teletrabajo y el uso de herramientas para hacerlo posible está cambiando, a gran velocidad, la manera de entender el mercado laboral y la productividad; la educación a distancia ha permitido que profesores y estudiantes hayan podido continuar, de alguna manera, con los cursos académicos; los servicios públicos han seguido funcionando de forma telemática en muchos casos; el comercio electrónico ha sido muy demandado y se ha impulsado la aceptación de medios de pagos electrónicos para mayor comodidad y seguridad de consumidores y comerciantes. Además, es de valorar, en el ámbito sanitario, que, gracias a la atención sanitaria en remoto a través de video-consultas, la salud pública ha sido más ágil y eficaz. Sin embargo, a pesar de que se ha perdido cierto miedo a lo digital, Europa debe afrontar desafíos a esta ...