Si usted casi no puede vivir sin correo electrónico, piense en esto: ¿qué ocurrirá con sus e-mails cuando muera? Los asesores financieros aconsejan cada vez más a sus clientes que incluyan sus contraseñas cibernéticas en sus testamentos. Los proveedores de Internet, en general, deniegan el acceso de los familiares del fallecido al correo electrónico y otras propiedades digitales.

Esta controversia está llegando a los tribunales. En 2005, un juez de Michigan (EE UU) ordenó a Yahoo que suministrara los e-mails de un soldado muerto en Irak a su familia, que había presentado una solicitud en ese sentido.

Esta nueva demanda de propiedad del correo electrónico está generando una industria artesanal destinada a personas que quieren hacer disposiciones para sus vidas virtuales antes de que las reales lleguen a su fin. Sitios como mylastemail.com y postexpression.com cobran a sus suscriptores hasta 19 euros al año por un servicio que les permite crear un correo de despedida para amigos y familiares que será enviado después de su muerte. El texto de dicho
e-mail puede contener las contraseñas digitales. Marc Rotenberg, director ejecutivo del Centro de Información para la Privacidad de EE UU dice: "Los abogados ya animan a sus clientes a pensar sobre quién accederá a su ordenador o a su correo si mueren".

Con tanta concentración on line de vida y propiedades, podría llegar la época en la que un heredero abra un testamento sólo para encontrar que —¡ding!— tiene un e-mail.

RV: Estoy
muerto





















 

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