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La Canciller Angela Merkel en Berlín, septiembre 2019. Maja Hitij/Getty Images

La era Merkel tiene fecha de caducidad: otoño de 2021. La Canciller alemana ya dijo que esta será su última legislatura. Si agota su actual mandato –algo que hoy no muchos se atreven a predecir, debido a la debilidad de la Gran Coalición que encabeza–, Merkel habrá estado al frente del Gobierno federal alemán un total de 16 años, tantos como su padre político, el gigante democristiano Helmut Kohl.

La era Merkel ya ha comenzado, por tanto, a apagarse lentamente. “La pragmática del poder”, como la describía recientemente una crónica del diario conservador alemán Frankfurter Allgemeiner Zeitung durante su última visita a China, ha pilotado con luces y sombras un poder regional como Alemania, con un gran peso económico en el mundo, pero con una influencia política muy limitada más allá de las fronteras de la Unión Europea.

Es hora de hacer repaso del liderazgo merkeliano, que, guste más o menos, pasará a la historia del siglo XXI. Comencemos por los aspectos positivos:

La responsabilidad histórica ante la llamada “crisis de refugiados”. El reciente docudrama de la televisión pública alemana ZDF Horas decisivas: Merkel y los refugiados califica los primeros días de septiembre de 2015 como un punto de inflexión en la carrera política de la canciller. Miles de refugiados procedentes fundamentalmente de Oriente Medio comenzaron entonces una marcha a pie desde Hungría hacia Alemania; la “marcha de la esperanza”, como la bautizaron los mismos refugiados, dejó imágenes que impactaron con fuerza en la opinión pública alemana.

En una reconstrucción de aquellos días de tensión política que combina hechos contrastados con ficción, el filme muestra a una Merkel que oscila entre la consciencia de que se encuentra ante una decisión de calado histórico y el cálculo político ...