FOTO1_HISTORIA7_DEFEn la cima de un cerro, exactamente en el sector la Acequia, una de las zonas más pobres del barrio El Guarataro, un asentamiento popular de gran tradición en organización comunitaria en el oeste Caracas, vive Imberly Valecillos. Tiene 25 años, tres hijos y espera su cuarto bebé, pero esta vez en ausencia de su compañero a quien mataron en forma aún no esclarecida en un barrio acomodado de Caracas, después de salir de una discoteca.

Para Imberly, las penurias no son antes y después de la crisis de alimentos que vive el país, sino antes y después del asesinato de su compañero. Él era el sustento del hogar, trabajaba como ayudante de flota en una empresa de bebidas gaseosas. Hoy, ella con siete meses de embarazo y tres hijos, no puede salir a la calle a trabajar y vive de la bolsa de comida (CLAP, Comités Locales de Abastecimiento y Producción ) que le vende el Estado y que le llega cada “15 o 21 días”, así como de la solidaridad familiar.

Los carbohidratos que sólo alcanzan para unas dos semanas vienen en la bolsa CLAP, mientras que las pocas proteínas llegan a la casa a través de una red de solidaridad familiar, también golpeada por la situación de carestía y escasez de los alimentos. Los dos niños mayores de 9 y 6 años reciben meriendas matutinas en el colegio.

“Así con ayuda de mi suegra, de mi mamá, de la familia de él (refiriéndose a su compañero asesinado), nos ayudamos”, dice Imberly.

Ella asegura que sus hijos comen las tres comidas “y a veces hasta más”. La única hija que pudimos conocer no lleva las marcas del hambre, al menos no visiblemente. La pequeña de un año de edad es una niña vivaz y de buen peso. ...