El Gobierno continúa disfrutando de su luna de miel en el ámbito internacional, pero los retos nacionales siguen siendo tan incisivos como siempre.

 

 

















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En los últimos seis meses, las noticias de Mogadiscio han sido esperanzadoras. Los titulares apuntan a un aluvión de retornados y de nuevas inversiones que están ayudando a reconstruir la capital. Pero Somalia es mucho más que Mogadiscio y los desafíos a los que tiene que hacer frente el resto del centro y el sur del país –que permanece en su mayor parte bajo control de Al Shabab– siguen siendo tremendos. Y mientras la atención internacional se centra en la ciudad recuperada (y con razón, dada su importancia), zonas antes estables, especialmente la autoproclamada República de Somalilandia y la autónoma Puntlandia, parecen más vulnerables.

Es comprensible que gran parte de la energía inicial del nuevo Gobierno Federal de Somalia (GFS), liderado por el presidente Hasan Sheij Mahamud se haya invertido en la consolidación del apoyo internacional. El reconocimiento por parte de la Administración de EE UU fue un gran premio (aunque siempre había reconocido al país como una entidad estatal) y animará a otros Estados, incluidos grandes actores árabes, como Arabia Saudí, a hacer lo mismo. En el viaje de regreso de su viaje a Washington, el nuevo presidente realizó una visita a Riad -fructífera, según las informaciones disponibles. El nuevo Ejecutivo se siente seguro y ese apoyo externo ayuda a contrarrestar la fuerte influencia de sus vecinos más próximos.

Las fuerzas armadas de Etiopía y Kenia (esta última participa ahora en la misión de la Unión Africana en Somalia, AMISOM), tienen una influencia significativa en el centro y el sur de Somalia, apoyando a una AMISOM sobrecargada y al débil Ejército nacional somalí. Kenia mantiene el orden en Kismayo, principal ciudad y mayor puerto del sur; Etiopía, en las cruciales ciudades Luuq, Baidoa y Beletweyne: todos estos lugares tienen acceso a rutas de comercio estratégicas y recursos claves y hasta hace poco estaban controlados por Al Shabab. Aunque este apoyo militar es vital, también limita al nuevo Gobierno en el frente interior.

El presidente ha dicho que la prioridad del GFS es extenderse fuera de la capital, consultar con las partes interesadas, es decir, las autoridades locales y los clanes, para establecer administraciones locales descentralizadas que serán elegidas de forma indirecta (mediante nominación por cada clan) como socias para trabajar con el Gobierno central. En los últimos meses, el ministro de Interior, Hussein Guled, aliado cercano de Mahamud, ha visitado las ciudades claves de Kismayo, Baidoa, Beletweyne y Marka para llevar el "sistema de gobernanza fuera de Mogadiscio". El establecimiento de los gobiernos locales es, además, una exigencia de la Constitución federalista, que aún ha de debatirse en el nuevo Parlamento de adscripción clánica y en su momento también ...