Soldados del Ejército somalí cerca de Mogadiscio, capital de Somalia, marzo de 2014. Abdulfitah Nor/AFP/Getty Images
Soldados del Ejército somalí cerca de Mogadiscio, capital de Somalia, marzo de 2014. Abdulfitah Nor/AFP/Getty Images

 

Aunque las ofensivas combinadas de las fuerzas de la Unión Africana y el Ejército somalí han permitido obtener victorias importantes contra Al Shabab, el gobierno federal de Somalia tiene todavía dificultades para administrar su poder. A pesar de la existencia de una constitución federal provisional, las tensiones entre el presidente y el primer ministro se convirtieron a finales de 2014 en un sucio enfrentamiento que acabó con la expulsión del segundo. Ahora, las discrepancias políticas en las instancias federales y regionales amenazan la aspiración declarada por el Ejecutivo de celebrar elecciones y un referéndum constitucional en 2016.

Si bien, en teoría, el gobierno central no controlaba tanto territorio desde principios de los 90, la realidad es que hay un mosaico de clanes armados locales que son los que mandan. Es probable que el doble objetivo de la formación de un Estado federal y la celebración de elecciones nacionales -dos metas que muchos siguen considerando en el país un juego de suma cero por el dominio de los clanes- genere más conflictos. En esta atmósfera, la misión de la Unión Africana, AMISOM, tratará de mantener su neutralidad, entre otras cosas porque la mayoría de sus tropas procede de Estados vecinos. Y, a pesar de las pérdidas de territorio y el asesinato selectivo de su líder en un ataque llevado a cabo por un avión no tripulado en septiembre, Al Shabab conserva la capacidad de atacar en su terreno y más allá, sobre todo en Kenia, donde asegura defender la causa de la minoría musulmana marginada.

Las partes interesadas en Somalia -tanto nacionales como extranjeras- deben alterar sus prioridades para abordar los problemas del país. Tienen que centrarse en la estabilización local, a través de ...