Cómo pasar de ser una ratonera plagada de conflictos a convertirse en un soleado refugio para turistas.

 

Hace unas semanas, The New York Times informó sobre un italiano, Luca Marchio, que se había atrevido a entrar en Faluya y había tenido la inconsciencia y la audacia de proclamar que era un “turista” en un país que sigue siendo uno de los más peligrosos del mundo. Las autoridades iraquíes, nerviosas, le acompañaron a un lugar más seguro y luego le embarcaron en el siguiente vuelo de vuelta.

“Es un poco ingenuo”, declaró un funcionario de la embajada italiana al Times. Pero quizá Marchio no hizo más que adelantarse.

“Las autoridades me explicaron que era imposible quedarse allí porque no hay hoteles. Me sugirieron que hiciera una breve visita y luego regresara a Bagdad”, explicó. “Yo estoy deseando visitar todos los lugares tan hermosos que hay en Irak, pero creo que todavía no”, añadió el funcionario de la embajada.

La infraestructura turística de Irak, deteriorada debido a la guerra de los seis últimos años y los decenios de abandono anteriores, está en ruinas. “Lo vemos todos los días: no hay más que un puñado de lugares en los que se puedan celebrarse actos”, dice el comandante estadounidense Gerard Shanley, que ejerce como oficial de enlace con el Ministerio de Estado de Turismo y Antigüedades. “La economía sigue creciendo y la seguridad mejora. Pero Irak necesita hoteles, locales de hostelería”.

Hace poco, una delegación de 200 inversores extranjeros que viajó a Nayaf dentro de la Semana Mundial del Turismo expresó su decepción al enterarse de que no había suficientes hoteles para acogerlos. Los inversores tuvieron que pasar las dos noches en Karbala y trasladarse por la mañana a Nayaf para llevar a cabo ...