Depósito lleno:
llevar gasolina al frente cuesta mucho dinero y vidas.



Nada de latas de judías y balas, los ejércitos modernos funcionan con baterías
y barriles de petróleo. Durante una misión de cinco días, el soldado estadounidense
medio consume 88 pilas AA (tamaño estándar). Las mirillas de las armas térmicas,
los receptores GPS y los sistemas de visión nocturna gastan mucho. Al empezar
la guerra de Irak, el Ejército de Estados Unidos usaba al mes más de 100.000
baterías de litio-dióxido de azufre grandes, con las que funciona todo, desde
las radios hasta los lanzamisiles anticarro. Cuando los soldados no están cambiando
baterías, llenan los depósitos de los versátiles vehículos militares Humvees,
los tanques Abram y los blindados de infantería. En Irak y Afganistán, las tropas
estadounidenses gastan unos nueve millones de litros de gasolina al día: el
combustible representa casi dos tercios del tonelaje bruto que cargan en combate
los soldados.

Transportar energía al campo de batalla tiene un alto coste, tanto en vidas
como en dinero, de modo que el Pentágono presiona a favor de aquéllas que son
renovables con una premura que haría sonreír incluso a Al Gore. El Ejército,
por ejemplo, va a presentar la Estación Eléctrica Híbrida Transportable, un
generador portátil que combina paneles solares, una turbina eólica, un generador
diésel y baterías de almacenamiento. El principal impulso a las energías
verdes
tuvo lugar el año pasado, cuando Richard Zimler, un alto mando de
los marines en Irak, otorgó “prioridad 1” (máxima) a su petición de
paneles solares y de turbinas eólicas. ¿Por qué? Zimler adujo que reducir la
dependencia de los soldados de los combustibles fósiles salvaría vidas. Cada
litro de petróleo que llegaba a sus bases de vanguardia debía ser enviado por
tierra en vulnerables convoyes. De hecho, cuando se consideran todos los costes
(de almacenaje, transporte y seguridad), llevar un solo litro de crudo al frente
cuesta cientos de dólares.

El Pentágono está ya analizando sus medios de combate. Las Fuerzas Armadas
tienen en el punto de mira al Humvee, con un altísimo consumo de gasolina. Si
en tiempos de paz su gasto ya es atroz, con el blindaje instalado se pone aún
peor. El Ejército de Tierra y los marines analizan los posibles sucesores
de este vehículo, que podrían incluir un motor híbrido, menos ruidoso y con
menor consumo. El Pentágono también investiga con células de combustible capaces
de suministrar la energía externa necesaria para que funcionen los sistemas
electrónicos y los puestos de mando. Como señala John Young, director de investigación
e ingeniería de la Defensa del Pentágono, cada vez que el coste del petróleo
“sube 10 dólares por barril, perdemos 1.000 millones de dólares que podríamos
usar para otras cosas”. Hay un precio que muchos mandos militares ya no están
dispuestos a pagar.