El desastre post-Gadafi se consolida con un segundo intento golpista, lo que podría traer más inestabilidad o encauzar definitivamente el proceso.

 













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Cristales en las calles de la ciudad de Benghazi tras dos fuertes explosiones cerca de las cortes de la segunda ciudad más importante de Libia, 2013.

 

Los libios han vuelto a elegir bando estos días: o con el general Khalifa Haftar o contra él. Lo que en la práctica supone estar con el militar que ha puesto en marcha la operación Al Karama (Dignidad) o con el Congreso Nacional General (CNG) y con las milicias islamistas. Ciudades, tribus y grupos armados se han dividido así, a favor o en contra, en la última semana, lo mismo que sus ciudadanos. Haftar asegura que su intención es acabar con los políticos islamistas que han permitido que los integristas campen a sus anchas por el país. El ex primer ministro Abdulá al Thani le considera un renegado y un golpista.

Dado el desaguisado reinante en el país, dicha operación lo mismo podría acabar en una inestabilidad mayor como encauzar definitivamente un proceso democrático lastrado por las milicias. En el peor escenario, una guerra civil. En el mejor, un diálogo entre las partes, unas elecciones parlamentarias y una Constitución.

 

Operación 'Al Karama'


El pasado viernes Haftar emprendió una campaña militar en Bengasi, la capital del este de Libia, contra milicias islamistas que se saldó con más de 70 muertos y el domingo, la exbrigada rebelde Al Qaqaa de Zintan, que le respalda, tomó el Parlamento en Trípoli. Poco después, un portavoz de los alzados anunciaba la disolución de la Cámara. Para intentar evitar una crisis ...