¿Conseguirá la UE impulsar su seguridad y defensa en el actual momento de reorientación geoestratégica a escala global? He aquí un análisis de los objetivos, debilidades y expectativas.

Desde el pasado verano, Europa no deja de recibir bofetadas geopolíticas. La caótica y apresurada retirada de Afganistán liderada por Estados Unidos, el anuncio de una nueva alianza Indo-Pacífico entre Washington, Londres y Canberra (conocida como AUKUS) sin contar con los aliados de la UE, la crisis migratoria en la frontera entre Bielorrusia y Polonia y el actual despliegue de unidades militares rusas en la frontera ucraniana, construyen una gran parte de la realidad estratégica de la Unión.

De esta forma, se entiende que Josep Borrell, Alto Representante de la  UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, haya afirmado que “la UE está en peligro, algo que se percibe por un alcance económico menor, un entorno más disputado y unos valores cuestionados”. No es de extrañar que las preocupaciones sobre las capacidades defensivas de Europa y la falta de coordinación entre los países miembros de la UE en materia de seguridad hayan vuelto al centro de las discusiones políticas de Bruselas.

En estas circunstancias, 2022 se antoja como un año decisivo para la defensa europea. Se espera que el Consejo Europeo del próximo mes de marzo esté dedicado a la denominada “Brújula Estratégica”. Este documento, elaborado por el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), está destinado a dirigir la seguridad y defensa europeas de los próximos 10 años. En noviembre del pasado año, los ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa de la UE, mantuvieron un intercambio de opiniones sobre el primer borrador. A tenor de las declaraciones posteriores, el texto, filtrado a los medios de comunicación, recibió un amplio apoyo de los ministros. A continuación, se muestran algunas claves que ...