Por primera vez desde 1999, el régimen socialista revolucionario de Venezuela tiene ante sí un Parlamento dominado por la oposición. Sin embargo, en vez de buscar alguna forma de cohabitación con sus adversarios políticos, el Gobierno ha escogido la vía del enfrentamiento directo, que hace que vuelva a asomar la perspectiva de grave violencia política en este país de 30 millones de habitantes.

Protesta de estudiantes contra el Presidente venezolano, Nicolás Maduro. Juan Barreto/AFP/Getty Images
Protesta de estudiantes contra el Presidente venezolano, Nicolás Maduro. Juan Barreto/AFP/Getty Image

Tras su abrumadora victoria electoral del 6 de diciembre, que le dio 112 de los 167 escaños en la cámara única de la Asamblea Nacional, la coalición del Movimiento de Unidad Democrática (MUD), una alianza de partidos fundamentalmente de centro y centro izquierda formada en 2008, asumió la presidencia de la legislatura el 5 de enero.

Pese a las amenazas del presidente Nicolás Maduro y otros líderes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) de "tomar las calles", el traspaso fue pacífico, salvo por algunos casos menores de violencia y momentos de tensión durante la sesión inaugural. Fuertes contingentes de policía antidisturbios y tropas de la Guardia Nacional mantuvieron separados a los miles de manifestantes de ambos bandos.

La mayoría parlamentaria saliente, dirigida por la segunda figura más poderosa del país, Diosdado Cabello, no se retiró de buen grado. Desmanteló el canal de televisión de la Asamblea, ANTV, y se llevó su material. No obstante, aunque el Parlamento ya no cuente con su propia emisora de televisión, por lo menos de ahora en adelante estará abierta a todos los periodistas, después de años en los que sólo se permitía entrar en la cámara a los propagandistas del gobierno en la ANTV.

Ahora que ya se ha producido la toma de posesión, queda todavía por resolver un problema mucho mayor. Si bien Maduro reconoció ...