Un vendedor muestra un souvenir con la imagen del Presidente chino, Xi Jinping, (a la izquierda) y el antiguo líder, Mao Zedong. Feng Li/Getty Images

El presidente chino, Xi Jinping, está cultivando un inmenso culto a la personalidad, concentrando un poder con muy pocos precedentes, purgando a sus adversarios y pisoteando la escasa libertad de expresión e información que quedaba en su país. Por eso, el ambiente político chino hoy se parece más al de Mao que al de la mayoría de los dirigentes de los últimos 30 años.  

Lo primero que hay que decir es que las dudas occidentales que refleja este titular están justificadas. De hecho, como recuerda el experto en el gigante asiático y autor de varios libros de investigación Juan Pablo Cardenal, nos hallamos ante un líder que ha acumulado un poder político sin parangón desde DengXiaoping y que lo está utilizando para reprimir y amenazar a sus adversarios dentro y fuera del Partido.

Hay que recordar que el Partido Comunista de China ha sido, durante décadas, una maquinaria de poder que tomaba decisiones colegiadas y que eso está dando paso gradualmente a una era en la que Xi Jinping ejerce cada vez más el papel de dictador. El último que mereció ese título realmente fue Mao Zedong y, aunque era mucho más poderoso que el Presidente actual, también hay que decir que Xi ni siquiera ha llegado al ecuador de sus dos mandatos de cinco años. No sabemos de lo que es capaz.

 

Reformas a la vista

El principal objetivo de esa enorme concentración de poder es implementar las cuatro reformas que el Partido necesita para garantizar su dominio y el ascenso de China y, al mismo tiempo, silenciar y aplastar a la oposición tanto dentro del Partido como fuera.

La primera reforma, según ...