La inestabilidad y el avance de los yihadistas en Yemen deberían preocupar a la Administración Obama y al resto de los países de la Península Arábiga. Una nueva generación de combatientes islamistas yemeníes, que se ha radicalizado en la guerra de Irak, toma cada día más fuerza.


 
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El vecino pobre: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y los demás Estados del Golfo tendrían que ayudar a Yemen por el bien de la seguridad regional.

Mientras el presidente Obama reflexiona sobre el destino de los presos que permanecen en la bahía de Guantánamo, una de sus decisiones más difíciles será qué hacer con los 94 yemeníes allí encarcelados. Los planes estadounidenses de repatriación se están complicando por el incremento de las actividades de Al Qaeda en Yemen y las dudas sobre la capacidad de su Gobierno de garantizar que los prisioneros liberados no van a llevar a cabo actividades terroristas. Un factor que ha contribuido a subrayar los peligros existentes es una reciente grabación en la que uno de los líderes de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, elogiaba "el despertar yihadista en Yemen, que pretende liberar la Península Arábiga". Esta declaración se produce tras los llamamientos de un antiguo preso saudí en Guantánamo, Said Ali Jabir al Shehri, a que los combatientes de la red de Bin Laden "viajen a la tierra del apoyo y la preparación, la tierra de la yihad y el martirio, el Yemen de la sabiduría y la fe". La amenaza es grave; es evidente que las células de Al Qaeda consideran las áreas tribales de dicho país como un lugar en el que reagruparse y planear futuros atentados. Así lo corroboran varios documentos obtenidos por las fuerzas de seguridad yemeníes que revelan planes detallados para realizar atentados en ...