Hemos oído hablar mucho a los candidatos sobre lo que quieren hacer cuando juren su cargo, pero el futuro lo determinará lo que no haga Barack Obama.

 

EE UU

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Cuanto más sé sobre el liderazgo político, más me doy cuenta de que algunos de los logros más importantes conseguidos por los mejores presidentes de Estados Unidos no ocuparon los titulares ni tampoco suelen aparecer en los libros de historia. Son las cosas que esos líderes no hicieron, los rumbos que no emprendieron, las guerras que no libraron, los desastres que evitaron.

Hace poco, Evan Thomas nos recordaba uno de los mejores ejemplos de ese tipo en Ike’s Bluff, su nueva y excelente biografía de Dwight Eisenhower. Eisenhower, ridiculizado por John F. Kennedy, que dijo que había sido un presidente aburrido y burócrata, supo resistirse de forma magistral a las presiones de su propio partido para entablar un peligroso enfrentamiento con la URSS.

Evitó una guerra cataclísmica supervisando un proceso que acabó convenciendo a las autoridades de Washington de que había un camino mejor para contener a los soviéticos, mediante una combinación de fuerza y paciencia, y dejar que la debilidad de su propio sistema fuera erosionándolo con el tiempo.

Otros presidentes han sabido también eludir ciertas situaciones. Por mencionar otro ejemplo, hay que reconocer que George H. W. Bush supo garantizar, cuando cayó el imperio soviético -el objetivo para el que Eisenhower había trabajado mucho tiempo antes-, que las transiciones en Europa del Este fueran pacíficas. En una situación en la que podría haberse producido el caos, Bush tendió la mano a otros líderes mundiales e hizo posible un traspaso ordenado de poder. Asimismo declaró la guerra a Irak después de que Sadam Husein invadiera Kuwait pero tomó la sabia decisión de no continuar hasta Bagdad, con lo ...