Sin gastar un euro, el próximo presidente puede mejorar la situación de la mitad de la humanidad.

El próximo presidente de EE UU no lo tendrá fácil para arreglar las cosas. En los últimos años, la legitimidad moral de Estados Unidos no ha parado de erosionarse y ninguna medida, por sí sola, permitiría hacer borrón y cuenta nueva de la noche a la mañana. Han sido siete años de gestos unilaterales los que nos han llevado a este punto. Aún se admira a EE UU por su potencial, pero ya no se le concede el beneficio de la duda. En un momento así, lo que hace falta es una ruptura súbita e inequívoca con el pasado, una política que demuestre de forma clara que la primera potencia desea utilizar sus recursos en favor de quienes, hasta la fecha, han sido marginados (y marginadas) del poder. El próximo inquilino de la Casa Blanca debería comprometerse públicamente a utilizar su mandato para promover la igualdad de género a escala global.

Los cínicos se reirán con desprecio. A algunos les parecerá que una tarea así es mejor dejársela a una agencia de la ONU cuyo nombre no consiguen recordar. Otros lo verán como una iniciativa importante y bienintencionada que debería aparcarse para atender asuntos más urgentes. Todos están equivocados. La igualdad entre los sexos no es sólo un fin importante en sí mismo, sino también una manera eficaz de solucionar muchos de los problemas que azotan el mundo. En la última década, la creciente incorporación de la mujer al mundo laboral en las economías desarrolladas ha contribuido más al crecimiento mundial que el avance de China. Así que no es de extrañar que la educación de las mujeres sea, con diferencia, la principal estrategia de desarrollo en el mundo. Tampoco sorprende que muchos ...