Desde que existen las migraciones, su destino nos ha dicho mucho sobre el orden mundial. Durante el siglo pasado, el asunto era bien simple: un movimiento global de Sur a Norte. Agricultores y obreros de fábricas huían en masa de América Latina a EE UU. Los jóvenes ambiciosos se embarcaban en peligrosos viajes en las aguas del Mediterráneo para cruzar desde África a Europa. La historia era predecible. Hasta ahora. En los últimos cinco años, el dinero que los emigrantes envían a sus casas dice algo distinto: EE UU está perdiendo a marchas forzadas el monopolio como destino preferente. Mientras, países sorprendentes, como Malaisia y Suráfrica, se están convirtiendo en los nuevos lugares preferidos adonde ir a trabajar. La larga cola [la variedad] de puntos de origen de las remesas apunta, como nunca en el pasado, a una nueva historia: el ascenso inequívoco de los otros.

ENTONCES... En 2001, Estados Unidos era el rey indiscutible de las remesas. Representaba más del 30% del dinero enviado por los emigrantes que trabajaban en los destinos principales (aquellos que envían 500 millones de euros al año o más).

 

 

Y AQUÍ ESTAMOS... Una década después, EE UU representa sólo un 18% de las remesas en el mismo grupo, una caída enorme, incluso aunque los dólares que salen de EE UU siguieron aumentando de forma constante. ¿Qué pasó? Que el resto del mundo se puso a su altura. Los que más adelantaron fueron, entre otros, Rusia, Malaisia, Kazajistán e Indonesia.

 

 

 

SUBIENDO La importancia relativa de las remesas también ha aumentado. En los últimos cinco años, han empezado a eclipsar

a la ayuda extranjera procedente de los gobiernos. Hoy, las remesas triplican en conjunto la ayuda financiera oficial enviada al mundo

en desarrollo. En ...